El maestro Jorge Balderramo, un ícono de la cultura Jachallera
Hoy nos une el dolor, pero también la profunda gratitud, para despedir a un hombre excepcional. Nos toca decirle adiós al gran pilar de su hogar: al padre ejemplar, al abuelo tierno y al tío entrañable. Sin embargo, su estampa trasciende las paredes de su casa para instalarse en el corazón de todo el pueblo.
En esta tierra de Jáchal, donde la docencia es un orgullo compartido y donde la mayoría de nosotros somos maestros, hubo un título que la comunidad le otorgó de manera única y exclusiva a Jorge. A pesar de haber tantos maestros y maestras en nuestra historia, para todos, el único y verdadero maestro era él: "El Maestro Jorge".
Se nos va el amigo, pero nos queda el eco eterno del dirigente político, deportivo, vecinal, del poeta, del maestro y del cantor. Alguien que no solo habitó el mundo, sino que lo describió con infinita belleza. Siempre dije que cuando el “maestro Jorge” empezaba a hablar, era como si le diera un “ataque de poesía”, iba poniéndole “colores y vida” a las cosas que decía, pintando un paisaje con cada palabra. Su vida fue un testimonio de sensibilidad.
Como poeta, tuvo el don de encontrar las palabras justas para nombrar el amor, el dolor, el paisaje, la melancolía y la esperanza. Esas verdades que nosotros apenas alcanzábamos a sentir, él las convertía en versos.

Como maestro, no se limitó a transmitir conocimientos, sino que encendió faros. Nos enseñó a mirar más allá de las cosas, a escuchar el silencio y a respetar al prójimo con generosidad, guiando siempre desde la humildad de los grandes.
A lo largo de su vida, el Maestro Jorge se consolidó como un incansable gestor cultural. Su pasión fue haberse transformado en el custodio definitivo de la emblemática Herrería Balderramo, declarada con justa razón como Patrimonio Cultural. El Maestro con tanto orgullo nos relataba que la herrería Jachallera fue mucho más que un taller, fue un templo de la cultura popular por donde pasaron los más grandes personajes de nuestra historia artística.
Bajo la mirada atenta y hospitalaria de Los Balderramo, las paredes de la herrería cobijaron a gigantes de la talla de Armando Tejada Gómez, cuya poesía dedicada al lugar fue bellamente musicalizada en ritmo de tonada por el Chango Huaqueño, y de Hamlet Lima Quintana, quien también dejó sus versos inspirados en el calor de esa fragua. Por ese suelo bendito pasaron también Peteco Carabajal, Los Olimareños y una lista interminable de cantores cuyanos de San Juan, San Luis y Mendoza, quienes encontraban en la herrería un refugio de amistad, vino y guitarreadas inolvidables. El Maestro Jorge no solo custodió un edificio histórico; resguardó el alma folclórica de un pueblo.
Y como cantor, su voz fue una lección de saber lo que se está cantando. Cuando entonaba una zamba, una milonga o una tonada, entregaba el alma en cada acorde, haciendo que nuestras propias nostalgias vibraran en su guitarra. Como padre fue excelente, un hombre íntegro y dedicado a la crianza de sus hijos.
Querido “Maestro Jorge”, amigo y compañero, te despedimos con el corazón apretado, pero con la certeza de que nadie que haya sembrado tanto arte y tanta calidez humana puede ser olvidado. Tu viaje sigue en cada poema que volvamos a leer, en cada lección que guardemos en la memoria y en cada cogollo de alguna tonada que ruede en alguna cuyanía jachallera.
Buen viaje, querido amigo. Maestro, que tu legado siga sembrando el infinito.
Descansa en paz. -
Por Fabián Núñez, Jáchal. -



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